Sistema de gestión doméstica integrada: el caso de la Sra. María

Gestión Doméstica Integrada

Un caso práctico de sistema de gestión doméstica integrada

En la actualidad la Sra. María es prácticamente desconocida, pero durante las décadas de los sesenta a los noventa, todas las acciones publicitarias y el marketing de las empresas de consumo iban dirigidas a ella.

Se conocía a la Sra. María como la representación de todas esas amas de casa silenciosas, que sacaban adelante su familia con el limitado salario que su marido traía a casa, tras trabajar 14 horas diarias, de lunes a sábados y algún domingo que otro si se terciaba.

En gran parte de los anuncios televisivos, de la única cadena disponible, aparecía representada la Sra. María.

Cuando hablamos de Contabilidad Analítica, me vienen los recuerdos de mi madre (mi Sra. María particular), que tomaba el salario que le entregaba mi padre y hacía varios montones de dinero, que introducía en sobres, con cabeceras como: agua, luz, comida, escalera, imprevistos…Todo ello perfectamente calculado para cumplir el objetivo presupuestario, llegar a fin de mes.

Mis primeras nociones sobre responsabilidad social familiar me llegaron, con aquellos seminarios intensivos que mi Sra. María, nos repetía todos los días antes de salir para la escuela:” Portaros bien, ayudad a la gente que lo necesite y que no me entere yo que habéis hecho una trastada”

Sobre la calidad, la Sra. María solía decir “Los pobres tenemos que hacer las cosas bien a la primera, porque no tenemos posibilidades de intentarlo una segunda vez”

La Sra. María utilizaba de forma usual los conceptos de reutilización o reciclaje, aunque es probable que ella lo llamara supervivencia.

La reutilización estaba internalizada en todos los miembros de la familia, los libros, ropa, zapatos, material escolar, que los hermanos mayores dejaban de utilizar, pasaban automáticamente al siguiente miembro de la familia.

El aceite comestible no dejaba residuo que gestionar, para ello había dos aceiteras con filtro metálico, uno para aceites donde se habían cocinado carnes y el otro para pescados, de tal forma que únicamente se reponían con aceite nuevo, cuando las aceiteras se agotaban.

Los domingos, de vez en cuando, era cuando toda la familia se reunía, ya que el padre no trabajaba. La comida de los domingos estaba establecida de ante mano y era coincidente en el 90% de los hogares. En una olla de unos diez litros de capacidad, se vertían agua, vegetales, garbanzos ( que habían estado 24 horas a remojo), gallina, tocino y si la situación era buena, zancarrón o morcillo de ternera. El resultado era una comida con tres platos: sopa de fideos de primero, garbanzos de segundo y carne que había dado gusto al caldo de tercero.

Los lunes había restos de sopa y garbanzos. Los martes tocaba lentejas y los miércoles alubias. El jueves la comida era un excepcional puré, siempre distinto, hecho con los restos de las comidas del lunes, martes y miércoles y rematado con dados de pan frito, resultado del pan seco de la semana.

Las marcas blancas, no se habían desarrollado todavía, pero todo lo que usábamos, no tenía ninguna marca comercial conocida.

Realmente todo esto, me suena mucho, a economía sostenible.

La Sra. María tenía implantado un sistema de gestión doméstica integrada, y ella ni siquiera se había dado cuenta de ello.

Es una mera suposición, pero quizá en nuestra vida profesional, podamos aplicar algunas de las ideas y costumbres, que se han utilizado en nuestras familias, durante muchos años.

 

Alberto Hermosilla García, alumno del Master en Energías Renovables de IMF Business School 

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